lunes, 28 de junio de 2021

Si tu bebé llora, tu testosterona también.

 Un estudio de la Universidad de Michigan (EE.UU.) afirma que cuando los padres oyen llorar a sus bebés su nivel de testosterona se reduce. ¿A qué se debe? Parece que la reducción resulta necesaria para la protección del bebé en situaciones de peligro. 

Según el estudio los niveles de testosterona paternos descienden al ver a sus bebés en peligro y al dormir con ellos. Además, pueden conllevar el aumento de la empatía y la mejora de la relación amorosa con la madre. 

Por otra parte, si los padres interpretan el llanto como un síntoma de irritación y sienten que no son capaces de consolar al bebé, entonces se produce un aumento de la testosterona lo que conlleva una respuesta negativa en el peque. 

El estudio se realizó con 175 hombres. Se les practicaron test hormonales a través de la saliva. En una primera parte del experimento, los padres fueron separados de los bebés. Algunos de los pequeños estuvieron claramente molestos por la separación buscando en todo momento a su progenitor.

En una segunda parte, se reunieron a los padres con sus hijos e hijas. Se les entregó tres cajas de juguetes y dispusieron de 5 minutos para jugar con cada uno de ellos. En una de las cajas había un xilófono con un mazo, en otra un juego de empujar palancas y en otra una tortuga con formas. 

Según Kuo: “los hombres con mayores descensos en la testosterona durante la separación previa de sus hijos fueron más sensibles durante la interacción consecutiva”. Los niveles de testosterona solamente descendieron durante la primera fase de separación y no durante la segunda de juego. Además, los padres de niñas fueron más sensibles que los padres de varones.

Según la investigación de la Universidad de Notre Dame en Indiana (EE.UU.), los padres que duermen con sus hijos cerca también sufren la baja de los niveles de testosterona. Esto podría volver a los padres más sensibles a las necesidades de los menores y ayudarles con las tareas paternas. El estudio se realizó en 362 padres de entre 25 y 26 años con tres grupos de población: los que dormían solos, los que dormían en la misma habitación de los bebés y los que dormían en la misma cama. El último grupo fue el que sufrió mayores descensos en los niveles hormonales.

“Individual variation in fathers’ testosterone reactivity to infant distress predicts parenting behaviors with their 1-year-old-infants”. Patty X. Kuo, Ekjyot K. Saini, et. Al. Developmental Psychobiology (2015). https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1002/dev.21370 DOI: 10.1002/dev.21370 

lunes, 21 de junio de 2021

El idioma de los papis es clave para introducir una segunda lengua en los hijos.

 Con sólo una hora al día, los bebés pueden aprenden otro idioma de forma más sencilla según una investigación de la Universidad de Washington. 

"A medida que los investigadores estudian el desarrollo temprano del lenguaje, a menudo oímos de los padres que están ansiosos de proporcionar a sus hijos la oportunidad de aprender otro idioma, pero no pueden pagar una niñera de un país extranjero o no hablan un segundo idioma" afirma Naja Ferjan Ramírez, investigadora científica del Instituto de Ciencias del Aprendizaje y Cerebro de la Universidad de Washington (I-LABS. 

En el estudio, bebés de entre 7 y 33 meses recibieron una hora de sesiones de inglés durante 18 semanas a través de la interacción social, el juego, el estilo de discurso empleado por los padres (gramática simple, tono alto y exagerado con vocales extraídas; frente a otro grupo de control que recibió un programa bilingüe estándar. Después se analizaron las grabaciones para determinar cuántas palabras y frases en inglés pronunciaba cada peque. 

Los bebés del primer grupo dijeron un promedio de 74 palabras o frases en inglés, mientras que el grupo de control solamente consiguieron una media de 13. Según los investigadores esto demuestra que también los bebés de familias monolingües pueden desarrollar habilidades bilingües. 

Las pruebas de seguimiento de estos bebés demostraron que habían retenido lo que habían aprendido, su dominio del español se continúo desarrollando sin interferencia sin verse afectado por la adquisición de una segunda lengua y no hubo diferencias entre las diferentes clases sociales de los menores.

"La ciencia indica que los cerebros de los bebés son las mejores máquinas de aprendizaje jamás creado y que el aprendizaje de los bebés se da en un momento adecuado. Su cerebro nunca podrá aprender un segundo idioma mejor que en el período de los 0 a los 3 años", dijo Patricia Kuhl, codirectora del laboratorio y profesor de ciencias del habla y la audición de la Universidad de Washington. 

Por todo ello, os recomendamos las versiones bilingües de los cuentos de los lebucos. Su lectura por idioma es de aproximadamente una hora, están escritos con estructuras simples, permiten la interacción con los peques y a través de los diálogos el cambio de entonación y emociones para atraer y mantener la atención de los menores (https://amzn.to/39JCLnl).

“Bilingual Baby: Foreign Language Intervention in Madrid’s Infant Education Centers”. Naja Ferjan Ramirez, Patricia Kuhl. Mind, Brain and Education, First published: 17 July 2017. DOI: 10.1111/MBE.12144. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/mbe.12144

lunes, 14 de junio de 2021

El ahorro en enfermedades gracias a dar el pecho.

 Un estudio realizado en EE.UU. calcula el ahorro sanitario y económico de amamantar a los bebés durante el primer año de vida. 

 

La lactancia exclusiva hasta los seis meses y el dar el pecho hasta los doce podría proteger a bebés y madres de la muerte prematura y enfermedades graves. En EE.UU. podría suponer hasta 4.300 millones de dólares de ahorro en tratamientos médicos. 

 

Según Alison Stuebe, experta en alimentación infantil del Instituto de Lactancia Materna Carolin Global y profesora en la Universidad de Carolina del Norte; “En la actualidad, el 22 por ciento de las madres empleadas vuelven a trabajar a los 10 días del nacimiento […] La baja de maternidad pagada mantiene a las madres y a los bebés juntos, lo cual es esencial para la lactancia materna. Su promulgación tendría un impacto en la salud de las mujeres y los niños para toda la vida”.

Según Melissa Bartick, profesora ayudante en la Facultad de Medicina de Harvard y en el Cambridge Health Alliance (Boston): “La lactancia materna es mucho más beneficiosa en la prevención de enfermedades y en la reducción de costes de lo estimado previamente [..] Los resultados deberían obligar a todos los hospitales a desarrollar programas destinados a ayudar a las nuevas madres a aprender a amamantar a sus bebés". 

En la investigación se estudiaron a mujeres entre los 15 y los 70 y a niños hasta los 20 años. Entre las enfermedades incluidas estaban: leucemia linfobllástica aguda, colitis ulcerosa, infecciones del tracto respiratorio inferior, obesidad, muerte súbita, otitis, etc.; para los bebés. En las madres se incluyo el cáncer de mama y de ovario, diabetes, hipertensión y ataques cardíacos. 

Al grupo de control (el de madres que amamataban según las tasas actuales de los EE.UU) se le asociaron más de 3.340 muertes prematuras lo que supone unos 3.800 millones de euros en gastos directos e indirectos y 12.700 por las muertes prematuras. El 80% de estos gastos corresponden a las madres. 

"La lactancia materna se ha concebido durante mucho tiempo como una cuestión de salud infantil, pero está claro que es un problema de salud de la mujer también", según Eleanor birla Schawarz, profesora de medicina del UC Davis Health System (California=. "La lactancia materna ayuda a prevenir el cáncer, la diabetes y las enfermedades del corazón, y sin embargo, muchas mujeres no tienen idea de que la lactancia materna tiene todos estos beneficios".

"Suboptimal Breastfeeding in the United States: Maternal and Pediatric Health Outcomes and Costs", Melissa C. Bartick, Eleanor Bimla Schwarz, Brittany D. Green, Briana J. Jegier, Arnold G. Reinhold, Tarah T. Colaizy, Debra L. Bogen, Andrew J. Schaefer, Alison M. Stuebe. Maternal / Child Nutrition (2016). DOI: 10.1111/mcn. 12366. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/mcn.12366